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Café con bemoles: Bernardo Cifres Amat

Café con bemoles: Bernardo Cifres Amat

Bernardo Cifres es una de esas personas a las que siempre es agradable escuchar, ya se encuentre dentro o fuera del escenario, con las que el tiempo pasa volando y a la que parece no despegársele la sonrisa de la cara. Trompa solista de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, profesor de la Cátedra de Trompa del CSMA de Aragón y staff Stomvi, en Sanganxa le hemos invitado a sentarse en el diván para hablarnos de todas esas cosas que también le importan a un músico y que muchas veces nos olvidamos de preguntar.

¿Te acuerdas del primer día que tocaste la trompa?

Creo que tenía unos nueve años. En principio, yo había querido tocar el bombardino pero de repente vino Manuel Campos como director de la banda de mi pueblo, que era trompa solista de la Banda Municipal de Valencia. La persona que me estaba ayudando en aquel momento, Francisco Javier Martínez Arcos, hoy subdirector de la Banda Municipal de Madrid, me convenció para que aprovechara a un trompista tan bueno y eligiera la trompa.

¿Cuál es el mejor recuerdo que guardas sobre un escenario?

Muchísimos. Recuerdo sobre todo los últimos, que he hecho de solista, con el Cuarteto de trompas MMM & Stomvi y la Banda del Conservatorio de Música de Aragón… Hace poco toqué en el Musika – Música de Bilbao el Octeto de Schubert, que es una obra preciosa. Yo trabajé 15 años allí y, volver a tocar después de tanto tiempo, además en esta formación de música de cámara, fue una sensación muy especial.

O sea, en los que tú tienes más papel.

Sí, en ese aspecto los músicos somos muy egoístas y, aunque estemos tocando en conjunto, tenemos un buen recuerdo depende de cómo nosotros lo hayamos interpretado.

¿Y el peor?

Quizá el típico día de trompista que no eres capaz de concentrarte y no te sale nada. Recuerdo una ópera de Mozart con el maestro Maazel, había tenido que viajar y no encontraba la concentración. En Mozart, la trompa es muy delicada. Si lo tocas bien nadie se entera, pero si lo tocas mal se entera hasta el sordo de la sala. Tampoco fue muy escandaloso, pero es uno de esos días que se te quedan señalados.

bernardo cerca

Cuando nació tu hija, ¿le tocabas nanas para que se fuera acostumbrando a lo que le esperaba?

Alguna vez le tocaba alguna nana, pero la verdad es que no quiere saber nada de la música. ¡Y mucho menos de la trompa! Es muy curioso porque la apuntamos primero a piano, luego a violín… Y un día, desayunando, le dijo a su madre: “Bueno, el año pasado tocaba el piano, éste el violín, al año que viene ya veremos y así hasta que os deis cuenta”. Ese día fue el que decidimos darnos cuenta.

¿Eres de lo que prefieres domingo de sofá y manta o de excursión en la montaña?

Domingo de sofá y manta, aunque normalmente siempre va acompañado de la trompa. Es uno de los pocos días que está libre que nos queda para estudiar. Me vendría genial lo de la montaña y sé que sería muy positivo para mí, pero prefiero sofá, manta y tele.

¿Cuál es tu plato preferido antes de un concierto?

Justo antes de los conciertos, nunca suelo comer. La verdad es que, aunque dé otra apariencia, me suelo poner nervioso y me afecta bastante al estómago. Mis comidas los días de concierto suelen ser arroz o pasta porque si no hago más visitas al baño de las deseadas. Después de concierto me suelo vengar.

Con café, copa y puro.

Con carajillo.

¿Qué música suena normalmente en tu coche?

Música ligera, por desconectar: Michael Bublé, Julio Iglesias, Celtas Cortos, Raphael, todos los tipos de folkore… A no ser que tenga algún concierto, que procuro grabarme esa música en el coche y me sirve de estudio.

¿Cuál es la cosa más rara que le has visto hacer a un músico?

Te puedo hablar sobre mí, que antes de un concierto siempre necesito ir al baño. Los que viven cerca de mí lo saben y se ríen, entran al camerino y preguntan si estoy en el baño… Es como una seña de identidad.

¿Cuál es el chiste más malo sobre trompistas que te han contado?

El famosos de cómo llama un hijo a su padre, que lo llama Praprá. Aunque yo prefiero que me llame Praprá que Puapuá.

¿Con qué compositor (vivo o muerto)  te reencontrarías para tomar un café y decirle cuatro cosas sobre sus composiciones?

Les diría más cosas buenas que malas. A Mozart le preguntaría por qué escribía cosas tan difíciles para nosotros, no tanto en sus conciertos para trompa sino en el propio acompañamiento. Y con quien sí me gustaría hablar mucho rato sería con Richard Strauss. Le preguntaría cómo sabía tantas cosas de la trompa para haber escrito tan bien y tan bonito.

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